Artículos soy una rumbera

Published on septiembre 16th, 2017 | by Tonosone

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Soy una rumbera.

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Melodía Ruiz Gutiérrez, más conocida como Melody, nació el 12 de octubre de 1990 (día de la Hispanidad) en la localidad sevillana de Dos Hermanas. Aunque la muchacha tiene ya una larga trayectoria como cantante y actriz, todos los que estáis leyendo esto la recordaréis por su primer éxito cuando tenía 10 años, “El Baile del Gorila”. En el momento álgido de la canción, Melody gritaba aquel “soy una rumberaaaaaaaaaa”, antes de afrontar su archifamoso estribillo. Por si hay algún valiente con ganas de castigarse, lo puede comprobar a los 44 segundos del siguiente vídeo.

No voy a sostener en este artículo que Melody sea una rumbera (todavía no estoy tan mal), pero aquel grito fue una fuente de inspiración en una época en la que la rumba estaba muy presente en mi radiocasete. Me marqué un CD recopilatorio titulado “Soy una rumbera” que fue un éxito entre amigos y allegados y con cutre-portada incluida con la foto de Melody que ilustra este artículo. Vamos a hablar de rumberos, de aunténticos rumberos, pero sin perder de vista nuestra fuente de inspiración: te estoy plenamente agradecido, Melody.

Ser rumbero es un estado absoluto. No se puede parecer rumbero, intentar ser rumbero o ser rumbero solo a veces. La impostura y la pose se notan mucho. Así que nada de pseudorumberos o jipirumberos en este artículo, ya hemos visto más de los necesarios en diferentes festivales y conciertos por la geografía nacional.

No sabemos si Melody y Lolita son amigas, pero sus carreras se han cruzado en varias ocasiones: algún disco benéfico en el que han participado, algún encuentro en programas de televisión… Tampoco sabemos si en casa de Melodía sus padres, también músicos, escuchaban en alguna ocasión al padre de Lolita, pero si uno quiere ser rumbero (y Melodía parecía querer serlo), no puede haber mejor referente que Antonio González “El Pescailla”. Aunque se considera al “Pescailla”uno de los creadores de la rumba catalana, nosotros vemos al nacido en el barrio de Gracia como el referente central de la rumba, a medio camino entre la rumba flamenca y la rumba catalana, presidiendo la mesa de todos los rumberos. Y eso que su producción en solitario es escasa (apenas un par de recopilatorios) ya que su unión personal y artística con Lola Flores, le hizo pasar a un segundo plano y dejó prácticamente de grabar discos. Pero empecemos este recorrido haciéndole justicia y veamos esta maravillosa “Levantate”, con una letra de despecho, que siempre nos ha encantado.

Como buen rumbero, Antonio González tuvo una vida sentimental “agitada”, al menos hasta que el matrimonio con La Faraona se asentó. Porque hasta ese momento una boda por el rito gitano con Dolores Amaya, una hija con ella, otra con otra pareja y una boda a las 6 de mañana en el Monasterio de El Escorial con La Faraona, por miedo a que se presentara enfurecida la familia materna de la hija con Dolores Amaya. No está mal el “tinglao”. Aquí le tenéis acompañando a Lola.

21,8 kms. por la A-376, unen el pueblo de Melody, Dos Hermanas, con Utrera. Suponemos entonces que Melodía lo visitaría más de una vez con sus padres y no sabemos si se cruzaría con algunos ilustres de la villa como Bernarda y Fernanda de Utrera o quizá con nuestro siguiente protagonista, Bambino.

Miguel Vargas Jiménez, conocido artísticamente como Bambino, es el perfecto ejemplo de que la rumba es una actitud. En su repertorio encontramos rancheras, boleros, coplas, tangos, bulerías, baladas o cuplés. Pero todo suena “arrumbao”, suena a Bambino. Ya intuimos, viendo sus preferencias, que lo suyo no era la rumba festera y divertida.

Bambino siempre jugó en el difícil límite entre intensidad dramática y el melodrama culebronesco. Amores imposibles y prohibidos, despechos, desprecios, desgarros emocionales y odios y amores de alta intensidad, suenan creíbles en su voz como en casi ninguna otra. Probablemente por su propia experiencia vital. No importaba que fuesen letras o canciones de otros interpretes y autores, parecían hechas para él. Bambino frecuentó prostitutas y cabarés, se relacionó con mujeres de la alta sociedad, y con hombres, cantó en grandes escenarios y para señoritos cortijeros que le pagaban bien a pesar de despreciar sus canciones y fue siempre un ave nocturna, probablemente no todo lo reconocida que su talento merecía (“artista de artistas” es el eufemismo que se utiliza en ocasiones cuando la respuesta del público no es demasiado amplia). Sea como fuere, os guste o no, no encontraréis nadie parecido a Bambino.

Si el de Utrera está sentado a la derecha de “El Pescailla”, a su izquierda y demostrando la amplitud de la rumba, nos encontramos a su antítesis musical, Peret, máximo representante y uno de los creadores de la rumba catalana. Si la rumba flamenca surgió de una adaptación de la rumba cubana, la rumba catalana volvió a girar los ojos hacia Cuba, a ritmos como la guaracha, el mambo y también al rock and roll. En esto, Peret tuvo mucha culpa.

“Soy una rumbera y vengo a alegrarte, para que tus penas se vayan a Marte”. Lo canta Melody en nuestro “Baile del Gorila”, pero estaréis conmigo en que podría ser perfectamente una letra de Peret. Refleja el espíritu y las intenciones musicales del de Mataró. Y claro, con esas premisas, el triunfo comercial es mucho más fácil. Seamos sinceros, independientemente de los gustos personales, si hubiese sido por Bambino o “El Pescailla”, la rumba difícilmente hubiese salido de la marginalidad. La rumba empezó a entrar en las discotecas, a sonar en las radios y en las fiestas y se hizo popular en gran medida de la mano de Pedro Pubill Calaf, “Peret”, el difusor del la rumba. Creo que podéis comprender su dimensión si os decimos que “Borriquito como tú” estuvo dos semanas numero 1 en Alemania y 7 semanas numero 1 en Países Bajos. No se si me hace más gracia imaginarme a Peret sonando en el “October Fest” o en los “coffe shop” de Amsterdam, mientras los lugareños cantan el “Borriquito”. El caso es que con tanto éxito, la industria audiovisual se fijo en Peret y fue el protagonista de varias películas que no se si entrarían ni siquiera en Cine de Barrio. Y no solo eso, sino que TVE, con Valerio Lazarov a los mandos, le dedico un especial, cima del protovideclip surrealista, como podéis ver a continuación..

Si hay alguien de los que van a aparecer en este artículo con el que podemos establecer cierto paralelismo con nuestra querida Melody, esas son Las Grecas. Tanto el “Te Estoy Amando Locamente” como el “Baile del Gorila”, fueron sus primeras canciones, sus mayores éxitos y les llegaron a una edad muy temprana. Melody parece que gestionó ese “boom” mejor de lo que lo hicieron las Grecas. Artísticamente no es que vayamos a comparar ambas canciones (dios nos libre), pero si veis los vídeos y la apariencia de Las Grecas, no resulta difícil imaginarse a Melody sustituyendo a una de ellas. Me diréis que Las Grecas no cantaban exclusivamente rumbas, pero como hemos dicho antes, para nosotros (y para Melody) la rumba es una actitud: las Grecas son rumberas de la cabeza a los pies.

No sabemos si fue la misma Lola Flores la que vio algo en ellas, pero el caso es que Carmela y Tina estaban actuando en su tablao en el año 1973 cuando un productor se fijó en ellas. Un año después, el “Te Estoy Amando Locamente” vendió medio millón de copias. Sus siguientes discos, a pesar de obtener cierta repercusión, las fueron llevando poco a poco al olvido y unos años después Tina comenzaba su camino en el mundo de la droga y la mendicidad, acompañada por una importante enfermedad mental que se fue acentuando. Podíamos seguir listando las peripecias, desgracias y regresos frustrados de una y otra, incluyendo que ahora esté girando por España una tal Malicia (no es coña) usando el nombre de Las Grecas, pero no estamos aquí para hacer crónica de sucesos así que disfrutemos una vez más con este temazo.

Si después de todo esto Melody sigue con ganas de ser una rumbera, aquí le proponemos otra referente femenina, aunque no tenemos muy claro que sea precisamente un buen modelo a seguir. A algunos lo mismo os sorprende este nombre porque ella misma, con la inestimable colaboración de la televisión, de su tumultuoso matrimonio con Pepe Sancho y del mundo del cotorreo y el corazón (Melody, ¡huye de ese mundo!), han ayudado mucho a convertirla en una especie de figura folclórica y polémica que poco a poco le ha ido alejando de lo que ha sido su principal ocupación artística: cantar rumbas, principalmente. Además pensamos que María Jiménez es una figura a reivindicar: rumbera poderosa y empoderada (que se dice ahora), se hizo famosa por lo atrevido de sus actuaciones y de sus letras en pleno comienzo de la democracia, como podéis ver aquí.

Cosas de la vida y de la rumba, María Jiménez, una de las mayores reivindicadoras de Bambino, ha sufrido recientemente el mismo cáncer que él: de garganta. La Jiménez representa otra vertiente de la rumba: el espíritu canalla, provocador, chulesco y la sensualidad rumbera. Si algún día Melody quiere dar un giro a su carrera, quizá pueda tirar por ahí, aunque se me hace difícil verla. Compartiendo época, estilo y espíritu canalla, era lógico que María hubiese actuado alguna vez con los putos amos en esto del canalleo: Los Chichos. Aquí os dejamos esta balada horterilla, con sonido plenamente ochentero y unos tecladillos “cameleros” en la que Jeros y María Jiménez hacen durante un momento el papel de parejita en momento de calentón mientras los “de los lados de los Chichos” les escoltan.

Estamos seguros que en casa de los Ruiz (quizá antes de nacer Melody), se escuchaba a Los Chichos. Me diréis que es que en muchas casas de finales de los 70 y 80 se escuchaba a Los chichos, pero quizá sin saber que Lorenzo Ruiz, padre de Melody, tuvo un grupo llamado Los Kiyos de clara inspiración “chichera” aunque mucho más blandito e inocuo. Paréntesis: no podemos evitar dejaros con un una canción de Los Kiyos llamada “No a la droga” en la que (oh, dios mío) aparece cantando el juez Garzón. Aquí lo tenéis (https://www.youtube.com/watch?v=gbNRqLKGFM0).

Si algo define a Los Chichos respecto al resto de protagonistas de este artículo es que ellos representan la rumba peligrosa, quinqui, calorra o como queráis llamarla. La mejor manera de definir lo que provoca la música de Los Chichos, la expresó un amigo mío de manera involuntaria hace ya un montón de años. Le estábamos esperando para pasar la tarde en una de esas nobles villas que hay saliendo por la A-6 de de Madrid. Él venía de Segovia y bajó del coche entre nervioso y acelerado. No me acuerdo de sus palabras exactas, pero venía escuchando a Los Chichos a todo volumen en el coche y, según nos dijo, las canciones le provocaban unas terribles ganas de acelerar y estampar su vehículo con alguno de los que se le cruzaban enla autopista. Diréis “qué exagerado”. Sí, pero también qué acertado. No cuesta nada imaginarse a Los Chichos sonando a todo trapo en las casetes de los autoradios de rateros y delincuentes comunes mientras iban a cometer sus delitos o huían de la policía. Parece que mi colega tenía algo de razón. Ya tenéis el titular: “Escuchar a Los Chichos incita a delinquir”. Bueno, quizá no hay que llegar a tanto, pero lo que es una verdad como un templo es que escuchar a Los Chichos te pone como una moto, porque se te sube el calorreo de manera inevitable por el cuerpo. Y todos los que habéis escuchado temas de los Chichos en una fiesta lo sabéis: los chichos saben mejor con un cubata en la mano.

Somos fans del Jero y los suyos, pero seamos sinceros, hay una parte del repertorio de Los Chichos, que es un poco “durita”. Los Chichos baladistas, de medios tiempos y más sensiblones (salvo excepciones) se nos atraviesan un poquito. Si a eso le añadimos una producción sonora cada vez más ochentera para los que ya no eran sus mejores temas, pues para qué os voy a contar. A nosotros nos gustan los chichos canallas y acelerados. La otra parte se la vamos a dejar a los ultras chicheros. Por cierto, que no no nos preguntéis por qué en el siguiente vídeo de Los Chichos salen de repente tres muchachas montadas en bicicletas, triciclos y patinetes porque no tenemos ni idea.

“La rumba era cosa de borrachera, las discotecas lo pinchaban a las cuatro de la mañana. Y nosotros inventamos la rumba para escuchar a cualquier hora, con mensaje” Bueno, mensaje también tiene la rumba de Los Chichos, pero lo que si es cierto de lo que dice uno de los hermanos Amaya en una entrevista para Diego Manrique en El País, es que ellos representan la rumba blanca, o la rumba pop si nos entendemos mejor. Sin la tragedia de Bambino, sin la calentura y el descaro de María Jiménez, sin la alegría permanente de Peret, sin el canalleo peligroso de Los Chichos. Los Amaya representan “La rumba SIN”. Rumba de fácil asimilación para todo tipo de públicos. Y no lo digo en plan despectivo. Uno tiene sus preferencias puestas en otros de los comparecientes en este artículo, pero mucha de las rumbas de Los Amaya es que entran solas: fresquitas, dulzonas, y de rápida y fácil digestión. Por cierto, que si queréis entender el origen cubano de la rumba, y especialmente de la rumba catalana, en este tema de Los Amaya se escucha claramente.

¿Habéis visto qué “bonicos” y qué formales los dos con sus jerseys de cuello alto? Un buen partido. Padres como los de Melody seguro que estaban más tranquilos con un novio como estos que con uno de Los Chichos. Y ahora silencio, por favor. Van a asistir a una de las secuencias cumbres del cine contemporáneo. Luego seguimos.

Algunos ya sabréis quienes son nuestros últimos rumberos, los “Reyes”, los clanes gitanos reunidos, los Gipsy Kings. Estos franceses nietos de emigrados de La Guerra Civil, son unos rumberos fuera de lo común. Su álbum homónimo estuvo 40 semanas en listas de éxitos en EE.UU., algo con lo que Melody seguramente sueña, pero a lo que le costará llegar. Pero es que el pastiche de los franceses es insuperable: mezclando idiomas, inventándose palabras, versionando temas en las antípodas de la rumba, etc. Sin duda ellos ocuparon el hueco que dejó Peret en las listas de éxitos durante su retiro espiritual evangélico en la década de los 80. Ojo al siguiente vídeo, una superproducción ochentera grabada en Nueva York, en el que unas muchachas bailarinas abandonan el ballet para pasarse al flamenqueo de la mano de los francesas. No tiene desperdicio.

Hace ya muchos años, los Gipsy Kings iban a tocar en un festival de mi ciudad de residencia, pero la lluvia obligó a suspender su concierto. Por la mañana comenzaron los rumores de que los Gipsy Kings iban a tocar algunos temas en el hotel en el que estaban hospedados. Allí nos plantamos por lo que pudiera pasar y así fue. En una sala del hotel nos apartamos y comenzaron a pasar entre nosotros los Gipsy Kings. Tocaron unos temas y se fueron. No lo olvidaré, aunque también es cierto que seguramente ese recuerdo esté barnizado por la nebulosa de excitación de aquel momento y por unas cuantas litronas de cerveza. Pero uno cosa os digo, en aquel momento me convencí, una vez más, de que soy una rumbera. Gracias Melody.

Jose Luis Santiago.

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