Artículos

Published on noviembre 18th, 2015 | by Tonosone

0

El rock y la música clásica.

Comparte esto:

Sebastián Díaz.

Tras escuchar el “Roll over Beethoven” de Chuck Berry, y el mensaje que este tema lanzaba a la música clásica: “Beethoven apártate y deja paso al rock and roll”, muchos pensaron que este último había surgido con fuerza y que había venido para quedarse como el sustituto natural de la música de los Bach, Mozart, Chopin, Malher, Beethoven, etc.

Pero no. No es este el caso. Ni el rock se opone y supone un rechazo a la música clásica, ni la música clásica al rock. Por suerte, el camino de las distintas músicas es menos lineal de lo que parece. No es una cuestión cronológica pura y dura: ésta música emerge y la otra desaparece o sólo la siguen unos cuantos románticos trasnochados. Por mucha innovación que suponga cada nuevo género musical con respecto a los anteriores, en su esencia mantiene mucho de ellos, hasta tal punto que el hecho de quererlos separar en compartimentos estancos es más una cuestión social o psicosocial, si se quiere, incluso pedagógica, que músical.

Algo así ocurre con la música clásica y el rock. Ambas pueden utilizarse como músicas antagónicas, como representantes de dos modelos opuestos: lo culto frente a lo popular, el arte frente a la artesanía, lo minoritario, perteneciente a las capas dominantes, a las élites del poder, frente a lo mayoritario patrimonio de las capas subordinadas, menos pudientes; la partitura, el saber, la razón, la mente… frente al oído, el desconocimiento, los símbolos y el corazón. Puede que antropológicamente este planteamiento pueda tener algún sustento, pero musicalmente, es insostenible. De hecho, pocos tipos de música han tenido tantos encuentros y han compartido tanta armonía como el rock y la música clásica.

Ya desde los inicios del rock and roll surgieron voces desde la música clásica ensalzando este nuevo género, caso del compositor y director de orquesta Leonard Bersteins, quién llegó a definir a Elvis como “la mayor fuerza cultural del siglo XX”, además de utilizar incesantemente la música de The Beatles en sus clases de música en el conservatorio.

Las bases armónicas del rock and roll, casadas en una admirable combinación de los acordes tonales de I, IV y V grados de la escala, son el resultado de una innovación de Johann Sebastian Bach, y su coetáneos del Barroco musical, que aparcaron los antiguos modos como base para construir obras musicales y se embarcaron en unos sistemas melódicos novedosos en los que la jerarquía entre las notas dieron como resultado la tonalidad y la importancias de esos acordes sobre los que se construyen la mayor parte de los temas de rock. Quizá por eso a Bach se le conoce como “El padre de la música moderna”. ¡Ay, Bach, Bach! Su música es genial. De cualquiera de sus obras se pueden sacar mil fragmentos a partir de los cuales componer un tema rockero. Les invito a escuchar su Cantata nº 147 y acto seguido el punteo de guitarra eléctrica que suena en torno al minuto cuatro en la “Dulce introducción al caos” de Extremoduro, o la introducción del tema “Lady Lynda” de The Beach Boys.

Y por seguir con el Barroco musical, escuchen el Canon en re mayor de Pachelbel y luego algunos temas de rock de The Beatles (“Let it be”) o U2 (“With or without you”), de hard rock de Aerosmith (“Cryin”) o Twisted Sister (“We´re not Gonna take it”), o de música punk de Green Day (“Basket Case”). ¡Son prácticamente los mismos acordes!, ¡la misma base armónica que ya utilizó Johhanes Pachelbel hace más de trescientos años! En esencia, la tétrada de acordes de I, IV, V grados de las escala de los que hablamos antes, a los que se une el VI menor.

Pero si hay un subgénero del rock íntimamente ligado a la música clásica ese no es otro que el rock progresivo o rock sinfónico. Podríamos situar los inicios de este movimiento musical en el Concierto para Grupo y Orquesta que Deep Purple grabó junto a la Royal Philharmonic Orchestra londinense. Y es que el rock progresivo siempre hizo un enorme esfuerzo por la búsqueda de técnicas de instrumentación y de composición frecuentemente asociadas a la música clásica, en un esfuerzo, casi titánico, por proveer al rock del mismo nivel de sofisticación musical que tenía ésta última.

Algunos de las intimidades entre este rock y la música clásica se ponen de manifiesto en hechos como que el Tubular Bells, de Mike Oldfield, fue compuesto en una época en la que la música de Mike estuvo muy influida por la Quinta Sinfonía del compositor Jean Sibelius. O que el genial violinista clásico Yehudi Menuhin, que también grababa como Pink Floyd en los famosos estudios Abbey Road de Londres cuando la banda estaba con su “Wish You Were Here”, fue invitado a tocar en una de las piezas del álbum. O que “Cans and Brahms” de Yes es un arreglo de una pieza del compositor romántico Johannes Brahms y que “Heart of the Sunrise”, de esta misma banda, supone un compromiso con los ritmos irregulares y el modelo musical de Ígor Stravinski. O que “The Barbarian y Knife Edge” de Emerson, Lake & Palmer, están basadas en el “Allegro Barbaro” de Béla Bartók, la primera, y en la “Sinfonietta” de Leoo Janácek, la segunda. O que el álbum Pictures at an exhibition, también de E.L.P. tiene músicas adaptadas de los “Cuadros de una exposición” de Modest Músorgski, a partir de una orquestación de Maurice Ravel. O que “Horizons” de Génesis, comienza con la idea central del “Preludio de la Suite para violonchelo nº 1” de Bach… Son sólo algunos ejemplos.

También es evidente la relación entre la música clásica y el heavy metal. Desde sus comienzos, Black Sabbath utilizó escalas de música clásica en sus temas. De hecho, el heavy metal, muy influenciado por la música clásica, es descrito a veces como Neo-Classical Metal.

Luego está el Romanticismo musical y su relación con el heavy. Solo hay que pensar en el uso de Satanás y de temas apocalípticos y de oscuridad que hacen ambos. De hecho lo satánico ha sido una temática principal de algunas obras de compositores románticos como Schubert, Liszt o Wagner al igual que de muchas bandas de heavy.

Podríamos seguir hablando largo y tendido de este tema, pero no quiero cansaros, por eso, lo dejo aquí y me voy a escuchar el “Shine On You Crazy Diamond”, del Wish You Were Here de Pink Floyd, unos exitosos veinte minutos de música capaces de crear el más mágico y sublime de los ambientes.

Comparte esto:

Tags: ,


About the Author



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to Top ↑