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Published on febrero 9th, 2017 | by Tonosone

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Cuando los Servicios Sociales llaman a las Puertas del Rock (Versión Original Subtitulada).

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Jose María Morales.

Históricamente a los malos nos los han caracterizado con looks rockeros. Así de repente me viene a la cabeza el mismísimo James Hetfield de la primera época como  jefe de los surferos atracabancos en la mítica peli “Le llamaban Bodhi”.  Y qué me decís  del sospechoso parecido, entre  ese  indio de las  trencitas, al le que le revientan el pie de un tiro, a pesar de las Reebok Pump,  y el cantante de los Red Hot Chilli Perpers. Por si esto no despertaba los estímulos suficientes para que tu mente asociase Rock y Delincuencia, los productores  yanquis, que se podían permitir pagar derechos de imagen,  complementaban la decoración de la morada de la banda, con un par de posters de Metallica y Misfits.

Pero esto no ha ocurrido solo con los rockeros, a los guionistas no se les escapa ningún gremio. El cine ha retratado a base de clichés a operarios de fábrica, profesores de instituto e incluso han estereotipado a los asistentes sociales. Gracias a ellos, todos sabemos que en EEUU las asistentas sociales son señoras de color, solteras de unos cincuenta años, metro sesenta y visten falda ancha y chaqueta informal. La excepción que confirma la regla la encontramos en Lilo & Stitch, donde para cubrir el puesto de asistente social, eligen a un primo hermano de Mike Tyson que  supervisa a  dos hermanas huérfanas que viven tan contentas en Hawaii, haciendo trastadas y pillando olas a ritmo de Elvis Presley. Cobra Bubbles (que así se llama) les advierte de que si no ponen “orden en su hogar”, se llevara a Lilo, la pequeña de las hermanas, a un orfanato. Los de Disney lanzan un subliminal  mensaje de moralidad a la infancia: preparaos, porque si somos capaces de llegar hasta Hawaii,  imaginaos vosotros que estáis en barrios residenciales mucho más localizados. Como deis mucha lata…

Bien, pues no era necesario estereotipar a ningún gremio, pero a los rockeros mucho menos. Esta es la conclusión que saco tras analizar cómo el cine ha conseguido colocar a los hijos del Rock & Roll en el lado oscuro. Los propios músicos, unos con su obra y otros con su propia vida, se han encargado de demostrar que sin esta malintencionada ayuda, también lo hubiésemos conseguido. Tanto es así que en más de una ocasión los servicios sociales han tenido que llamar a las Puertas del Rock.

El primer recuerdo de canción social no fue de un cantautor rollo canción protesta, lo siento por Dylan y Báez, la primera que llamo mi atención fue Suzanne Vega, que en “Luka”, describió a un chaval que sufría malos tratos y su vecina lo escuchaba pero no se atrevía  a hacer nada. Después, con  similar temática, me llegó Tracy Chapman con “Fast car” e incluso el álbum homónimo completo, sacando a la luz precarias situaciones personales y complicadas tomas de decisiones para las que proponía escapar y empezar de cero, ese reinicio tan necesario actualmente. Ahora quedaría de maravilla afirmar que  esas dos sentidas canciones fueron las que me hicieron tirar por el mundo de lo social, pero sería mentira. En aquel entonces no estaba Youtube para traducirnos las canciones y mi inglés nunca fue lo suficientemente amplio para permitirme ser tan curioso. Conocía los temas e incluso podía intuir algo de su temática pero tampoco podía poner en pie que esas canciones tan pegadizas trataban con esa maestría asuntos de cariz social.

Iremos  un poco más allá y analizaremos a figuras musicales que no en su obra sino en su vida han tenido encuentros y visitas de los Servicios Sociales. Situaciones documentadas gracias a biografías reconocidas, películas, documentales o incluso magazines  informativos… Donde una vez más, la realidad supera a la ficción.

El padrino del soul lo llevaba en el apellido y joder la de marrones que despachó. James Brown no solo le debió dar castigo a los servicios sociales, la poli, el fiscal del distrito, el forense de guardia… Todos se echaban a temblar cuando James no estaba localizado y visible encima del escenario. Detenciones por tenencia de armas, malos tratos,  muerte de una de sus esposas en extrañas circunstancias, etc., dan fe de ello. Con la misma habilidad que se movía a ritmo de su gueropah, conseguía  zafarse o reducir al máximo las consecuencias de sus desafortunados episodios. Como broche final, James hizo valer eso de genio y figura hasta la sepultura ya que después de haber fallecido estuvo dando tumbos (joder, nunca mejor dicho) por unos cuantos estados de los yu-es-ei, mientras los abogados (antes no los nombré, pero evidentemente tarde o temprano iban a aparecer) de sus hijas y mujeres trataban de convencer al juez de quién poseía el derecho a decidir dónde iban a reposar sus restos. Recuerdo que el telediario daba las noticias sobre el recorrido del féretro como si se tratase de la próxima etapa del Tour de Francia.

Otro sepelio para el que aún no he conseguido encontrar un adjetivo adecuado en el diccionario de la RAE fue el de Michael Jackson. Tras su muerte se organizó un homenaje para honrarle y la peña estaba bajo tal estado de shock que creían que iban a un concierto del propio Jacko. Tanto fue así que en las pantallas de las afueras del recinto tuvieron que colgar alertas avisando de que lo que se había organizado era un homenaje a la persona de Michael Jackson y que no se esperaba que actuase el propio Michael porque había fallecido, en fin. Pero antes de encontrarse –o no- con San Pedro, fueron varios los que tuvo con los Servicios Sociales. Recuerdo especialmente uno en el que Michael estaba en Alemania, con la plaza de debajo del hotel petaíta fans al borde de la histeria y para tranquilizarlos no se le ocurrió otra cosa que mostrar a su bebé a la multitud sacándolo en brazos fuera del balcón y casi se le resbala. Eso lo hace cualquier otro y aparece Merkel para ponerlo en adopción directamente. Aparte de la incompresible situación se me cayó un mito que nada tiene ver con la paternidad, y es que siempre pensé que siendo afroamericano (aunque lo disimulara como el culo) y moviéndose de esa forma suponía que el mundo tenía al Rey del Pop pero que había perdido a un estrella del basket, bastaba con trasladar esos pasos de baile a la zona de una cancha. Me lo imagino volviendo loco al mismísimo Billy Laimbeer. Lo tenía todo a favor y con los Jackson Five ya tenían para el quinteto titular.  Pero viendo lo mal que manejaba las manos borro esa idea y confirmo que hizo de maravilla dedicándose solo al pop.

Otros que también recibían frecuentes visitas de los funcionarios de lo social eran Kurt Cobain y Courtney Love. Ella (y él) estaba bastante enganchada a la heroína y su embarazo tampoco  fue suficiente estímulo para dejarla. Su médico le recomendó abortar, pero ella le pidió pruebas científicas que asegurasen que el feto y futuro bebé tuviesen secuelas. El médico no se mojó tanto y Courtney tiró p’adelante. Por fin dio a luz a una niña y como seguía con el mismo enganche le recomendaron darla en adopción pero de nuevo dijo que naranjas de la china. Cuando Frances Bean Cobain tenía dos años -y pocos meses antes su padre se había volado la cabeza- Courtney se encontraba más chunga que de costumbre, si eso era posible, y tuvo que ingresar en un centro de desintoxicación, lo que provocó que, tras bastante presión de los Servicios Sociales, se  formalizase un acogimiento temporal de la menor con la hermana de la viuda del grunge.

Mike Ness, vocalista y líder de Social Distortion, es otro que tiene para rato. Su vida es una especie de menú degustación de asuntos de índole social, como anticipa el nombre que eligió para su banda. Podría hacerse un máster titulado “Experiencias vitales al filo de la navaja by Mike Ness”: infancia dura, alcohol, juego, heroína, atracos… En definitiva, el yerno con el que cualquier madre sueña para su hija. Pero no hace falta que siga porque tiene tanta clase y es tan vacilón que esto que cuento os lo cuenta él en menos de cuatro minutos y en formato videoclip en “Gimme The Sweet And Lowdown”, a modo de cortometraje autobiográfico, y resulta que cuando lo ves no te parece tan grave.

Convéncete, puedes dar mil conciertos, tener una de las primeras Les Paul, el cuerpo invadido de tatoos, ser portada de la Rolling Stone pero hasta que los asistence services no llamen a tu puerta…

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