Artículos los servicios sociales

Published on marzo 16th, 2018 | by Tonosone

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Cuando los Servicios Sociales llaman a las puertas del Rock (versión española).

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Jose María Morales.

Hoy en día cualquiera puede llevar una camiseta heavy, te enfundas en la portada de “Masters of Puppets” comprada en una tienda de una cadena de ropa fabricada en Asia y aquí no pasa nada. Nadie te va a preguntar si los has visto en vivo, ni por tu particular opinión sobre el “Load” y el “Reload”, pero en los ya lejanos ochenta o noventa esa camiseta te hubiese supuesto fama para rato y la culpa de esa fama se la podríamos echar, por ejemplo, al portero de tu edificio que seguramente tras tu salida o entrada en el portal susurraba “vaya pinta lleva el gachó”, “vestido así no ligará nada”… y no digamos si vivías en un pueblo pequeño o eras mujer y andabas por ahí con una camiseta de los Maiden con el rostro de Eddie serigrafiado a todo color. Frases obsoletas, rancias y fuera de toda lógica que hoy en día afortunadamente podemos contar como anécdotas del pasado. Otros que hicieron daño a tus pintas fueron los guionistas de cine y TV, y es que en la España de los dos o cinco canales, la tele era el puto catecismo y lo que salía en ella se convertía automáticamente en la “realidad oficial”. En las primeras series de los noventa, los malos eran de una etnia determinada (el que no lo recuerde que le eche un vistazo a “Brigada Central”). Más tarde, supongo que tras reiteradas protestas acerca del racismo evidente que suponía propagar según qué clichés, los delincuentes habituales de las pelis empezaron a parecerse a un retrato robot de los jevis de mi barrio, y como estos no tenían asociación que los amparase, pues ahí siguieron manteniendo el estigma hasta mitad de década y más allá. De tal manera que ya en “El Comisario”, por seguir con series de maderos, los delincuentes comunes, atracadores e incluso los secuestradores, todos solían comprarse la ropa (o robarla, ya puestos) en las ya físicas tiendas Tipo. Supongo que Tito Valverde en la vida real debía cruzar de acera cuando pasaba por la puerta de alguna.

La jugada era completa, en las radiofórmulas solo sonaban ahijados de multinacionales y en sus series asociaban con diurnidad y alevosía rock y delincuencia, de este modo mamá y papá quedaban suficientemente advertidos que su hijo por ahí no debía transitar. ¡Conseguido! Ya tenían al rock&roll en el lado oscuro, bastantes años antes del boom gótico. Pero da la sensación que se les fue de las manos y que debían tener tantos actores caracterizados como macarrillas rockeros, tantas chupas de cuero y barqueras con parches en los almacenes de vestuario que al final para darle salida a todo aquello, decidieron que en lugar de delincuentes en acción los jevis serían ahora usuarios de los servicios sociales y realizaron una serie protagonizada por trabajadores de los mismos. Coincidiendo con el cambio de milenio durante los primeros seis meses del año 2.000 se emitieron los 25 episodios de ”Raquel busca sitio”, serie protagonizada por Cayetana Guillen Cuervo, Nancho Novo y Leonor Watling y con BSO de Jorge Drexler, casualidades del destino. Debió de ofrecer un tratamiento realista y respetuoso hacia los currantes de lo social para que una asociación profesional de Asistentes Sociales le otorgase su premio anual. Por si sus creadores deciden resucitarla igual que David Lynch ha resucitado a Laura Palmer 25 años después, les hago una recomendación a los guionistas: “dejen de partirse el coco, tiren de hemeroteca y de discoteca del rock estatal”. Las bandas de punk rock se han encargado de acercarnos historias tanto en su vida propia como en su obra que sin lugar a dudas son merecedoras de que los Servicios Sociales llamen a sus puertas, historias que están muy por encima de cualquier ficción televisiva.

“Pardao”, de Los Suaves, es probablemente mi primer recuerdo de canción social. En ella está tan bien tratado el tema de los músicos callejeros y por ende el de los sin techo, que los pelos aguantan de punta de inicio a fin consiguiendo que resulten cortos los diez minutos que dura este magistral temazo. Lo siento por Raquel y sus sufridores compañeros de trabajo pero cuando la serie empezó a emitirse yo ya estaba estudiando Educación Social en Salamanca y es esta canción de los rockeros orensanos la que me infundió una vocación por lo social bastantes años antes de hacer la selectividad. Al mítico cantante de esta banda le debo eso, como mínimo. Le podría dedicar varios párrafos en este artículo porque hay material de sobra para ello: la reciente broma pesada viral sobre su supuesta muerte, su pasado en el cuerpo nacional de policía, sus resbalones en los escenarios, etc. Pero hoy lo dejaremos en un “Gracias, Yosi”.

Del gallego vivo más ilustre al aragonés más singular, con el permiso de Bunbury, Auserón y Labordeta. Manolo Kabezabolo es otro de esos personajes que pueblan el rock nacional de los que al diseccionarlos nos daría el mismo juego su obra que su vida. Y es que su trayectoria, rindiéndole todo el culto y admiración que merece y reconociendo las miles de risas con su inteligencia encubierta en parodia, podría definirse como una genuina pedagogía del mal camino. En su faceta personal cabe resaltar la leyenda urbana sobre el periodo que estuvo ingresado en un psiquiátrico y al no poder salir de él a tocar música en directo quedó sumido en una profunda depresión, situación que cambió al comenzar a ser tratado por un nuevo psiquiatra que le permitió salir los fines de semana y así retomar su carrera musical. Resulta que le dedicó una canción a este nuevo especialista y de un momento a otro lo que era una historieta que corría de boca en boca entre sus fans se convirtió en realidad y nos hizo mirarlo con otros ojos.

Nos quedamos por el norte sabedores de que en el momento que pisemos Euskadi saltamos la banca ya que el (para muchos mal llamado) Rock Radikal Vasco nos ha regalado historias sociales pata negra. La más representativa de todas seguramente sea la de Eskorbuto ,¡cuidado! que ya el nombre metía miedo, que se prodigaron en fechorías diversas como decirle a la discográfica que ellos ya tenían a alguien que les hiciera la portada del disco, para luego fumarse la pasta que les dieron y dibujar ellos mismos un monigote. Otra mejor aún si cabe fue venderles los derechos de un disco en exclusiva a dos sellos diferentes cobrando de ambos y obviamente para cuando se descubrió el pastel ellos ya se habían fundido la pasta. El más difícil todavía fue intentar (hay quien afirma que en realidad sí consiguieron su objetivo) venderles una guitarra a La Polla Records que le habían mangado en un bolo anterior. Por otra parte Eskorbuto fueron tildados infundadamente de proetarras en Madrid, por el mero hecho de ser vascos y punkis, y considerados fatxas en Euskadi, por renunciar a la etiqueta antes mencionada. Ellos a lo suyo, haciendo amigos constantemente, por ese motivo se autodenominaban “la única banda autentica del planeta “. La cara más amarga de esta historia queda patente en la entrevista que concedió Iosu Expósito explicando su adicción a la heroína poco antes de morir. Su historia de banda socialmente maldita es difícilmente superable si no fuese porque los miembros de Cicatriz directamente se habían conocido en un centro de desintoxicación. Un grupo nacido en estas circunstancias obviamente escupía historias propias de unos enemigos públicos nº 1 y que en gran medida se basaban en experiencias reales. Siempre apretando el gatillo, convencidos de que “Esto saldrá bien” y el próximo palo les proporcionará dinero para jaco. Si lo de Yosi o Kabezabolo daría para un monográfico amarillista imaginad la que podrían montar unos guionistas ávidos de sensacionalismo en torno al Rock Radikal Vasco.

Creo que con esto ya estaréis avisados pero si seguís interesados en tirar por ese camino coged a la pandilla y llevárosla al Aúpa Lumbreras, el Viña también os puede valer, incluso el Resurrección, pero lo más importante es que no perdáis detalle. Ahora bien, tened cuidado porque en los tiempos que corren el guardia de seguridad de vuestro residencial, vuestra vecina la youtuber o algún tuitero con ganas de conseguir followers puede que hayan retomado la afición al espionaje y la delación de aquellos antiguos porteros de finca. Y no sería raro que al regresar de uno de esos festivales a casa resacosos, con la camiseta de S.A. y mochila en mano, os espere un señor de cuarenta y pocos años pero que aparenta cincuenta y os haga preguntas acerca de qué leches pinta un padre de familia que quiere ser respetable con semejante fauna en medio de un barrizal de calimocho. Entonces, al experimentarlo en vuestras propias carnes, entenderéis lo que significa que los Servicios Sociales llamen a las puertas del Rock Estatal.

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